jueves, 21 de octubre de 2010

Girar la Casa - Modos; 1 - Sobre Isabela

Recuerdo a Isabela.
Y cada vez que lo hago un frío me recorre el cuerpo.
Es un momento nada más, y cuando pasa todo da vueltas.

Es como un terremoto. Estar sentado, pensando en cualquier otra cosa y de golpe, el movimiento.
Las sillas, los armarios, las mesas, todo se mueve. El piso ya no es un lugar seguro.
Lo importante es salir cuanto antes a la calle, pero claro, nadie puede ayudarme.

Cada milésima de segundo parece eterna, un tiempo diluido en el tiempo del tiempo.
Me la imagino ahora en los brazos de otro, gozando y riendo como solo ella sabe.
Recuerdo su rostro y cada una de sus formas, y como movía su cuerpo sobre el mío.

La sensación es algo así. Tal vez, leyendo un libro o tocando mi bajo o tal vez solo; pensando.
Ahí nomás, comienza, primero un temblor, minúsculo, reducido, silencioso, casi imperceptible.
Después, un sonido agudo, así, a lo lejos. Ya se lo que sigue.

Recuerdos como una lluvia poderosa de imágenes. Con ella, el cielo y el infierno mezclados.
Pensé en matarla más de una vez. –Hoy, te mató!- incluso, le dije.
Y en seguida nuevamente, el sexo inoportuno y siempre delicioso.
Una pulsión irrefrenable que nos lleva a un nuevo sismo.

La angustia aumenta. El temblor es cada vez más fuerte.
Miro hacia fuera pero el mundo sigue horizontal.
En mi casa, los vidrios se rajan y los platos estallan en mil pedazos.
Son solo piezas partidas de algo que ya no existe más.

Las paredes ahora se mueven. Lo veo y lo siento.
Quiero llegar a la puerta, salir, pero el movimiento es mucho más fuerte.
Caigo en el suelo y me aferro a la pata de la silla.
Los ventanales ahora son gigantes que me miran sin indulgencia.

Su aroma entra por mis poros. Es la memoria emotiva.
El miedo y el vacío siempre fue lo mejor para atraerla a mí.
Su sonrisa entra macabra y deliciosa vuelve a dibujarse en mi mente.
Siempre me excitó su desprecio.

Van dos minutos y el movimiento no cesa. Ya vomite al menos tres veces.

Conozco esta sensación, estoy llegando al climax. El piso ya no es el piso.
Las ventanas se elevan por sobre mi cabeza.
Los cuadros se caen al techo. Mi cuerpo rebota en el sinfín de las cuatro paredes.
Una vuelta y otra vuelta más.
Vomito otra vez y ahora recuerdo esa noche donde debí clavarle el puñal pero no lo hice.
Siempre fui un cobarde para las grandes proezas.

No encuentro nada estable de donde agarrarme.
Las intermitencias de luz y de sombra me enloquecen.
La casa.
La casa se mueve y te odio por eso.

Pero lo se, como ese día se que esto siempre se termina.
El movimiento se detiene, y solo quedan los resabios de aquel infierno.
Pasa un momento y poco a poco retorna la calma.
Olvidare nuevamente todo lo que viví.
Hasta que sin ningún aviso, otra vez, mi casa vuelva a girar.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Una reflexión sobre el arte postmoderno del siglo XXI

Tras dos meses de viaje por Europa recorriendo muchos de los museos mas importantes del mundo me vino la necesidad de escribir algunas reflexiones sobre el arte del nuevo milenio.

Hoy el arte postmoderno esta viejo. Es que parece que luego de pasar por la provocación, la desidia, la amalgama de elementos incompatibles que sin embargo juntos bajo el ala de un museo generan nuevos sentidos, ha quedado demasiado obsoleto. Lejos quedaron las iniciativas de los grupos que promulgaban el ready-made. También la fotografía provocativa sobre todo en su pulsión por mostrar lo in mostrable a través de elementos rechazados por naturaleza como la flagelación del cuerpo o la tortura. A su vez, el video-arte con su constante inocencia sobre la contingencia propia del medio que utiliza haciendo un uso demasiado infantil de su dispositivo. Todos se quedaron sin ideas finalizando la primera década de este siglo.

El problema, creo, no tiene que ver únicamente con el uso desinteresado y superfluo de la especificad de cada área artística sino con una falta de potencialidad y contenido sobre el mensaje que se busca. El avance tecnológico y democratizado de los medios de producción de imágenes ha servido sobre todo para la propagación hacia el infinito de nuevas y nuevas formas de expresión y sobre todo para la apertura de mundos y vivencias que hasta hace no mucho nos parecían lejanas o imposibles. Lo que antes podía ser tabú hoy ya es moneda corriente y lo que podía ser abstracto o incomprendido hoy esta tan asimilado por el sistema caníbal de cualquier idea innovadora que cuando los artistas buscan generar un impacto con una obra (sea esta instalación, pintura, fotografía, video o por que no también el cine) quedan prácticamente repetidos e incluso livianos frente a la realidad.

Si hace unos años ver a una mujer infligiéndose dolor cociéndose la piel con hilo de zurcir o todo un rejunte de latas de basura dispuestos en una red podrían significar una búsqueda artística por mostrar la realidad a través de la provocación, el arte de hoy que repite estos patrones se vuelve absolutamente insulso. A eso hay que sumarle, en el caso del videoarte, una falta de recursos netamente videográficos (y entiéndase esto como las especificidad única y propia del medio del video diferente de la del cine) y su utilización tan pobre sobre la obra realizada. La sensación que da al ver algunas de las obras de video artistas es que en pleno auge de la democratización del video y su multiplicidad a través de Internet, ellos no encuentran exactamente como plasmar conceptos sin caer en la abulia que produce ver una pieza audiovisual cualquiera cuando posee tan baja calidad visual.

Algo parecido sucede en la plástica cuando vemos grandes montajes de obras que intentan movilizar al público pero solo consiguen la mirada absorta y muchas veces condescendiente y snob de un sector que solo la valora por encontrarse en ese refugio del arte.

Es el arte el que tiene que descubrir los signos de los tiempos y plasmarlos para que puedan ser vistos. Es el arte el que tiene que encontrar las nuevas formas de decir lo prohibido pero siendo consecuentes con su propia historia. Estamos en un tiempo donde parece que todo esta dicho y que no hay nuevas formas de expresar lo ya expresado. La repetición y la reproducción en serie amenazan con una quietud muy poco productiva y sobre todo arriesgada con profundidad de mensaje.

Hoy el arte, creo, debe dar un paso mas, dejar de reinventar lo pasado y bucear en lo profundo del riesgo pero conociendo a la perfección la especificidad técnica de cada medio. La provocación producida por el tabú o lo incomprensible de lo abstracto ya no son elementos suficientes para lograr ese efecto deseado cuando la realidad globalizada y “tecnocratizada” absorbe, re significa e incluso muchas veces mejora la obra en si misma. Creo en mi opinión personal que hoy el arte tiene que encontrar nuevas formas y nuevos contenidos para explicar lo más profundo del propio individuo y su lugar en este nuevo mundo. Es decir, no mostrar lo provocativo por el hecho de buscar una reacción superficial y exterior sino mostrar el interior del hombre y su vida en la sociedad dentro de un siglo que lo deja a la intemperie frente al tsunami del mundo globalizado.